CAMINO DE ODIADAS METAS





Todo parece acabado, 
quizá mañana empieza.
Enroscándose dentro,
escurriéndose fuera,
tallado ser trasnochado
sin escalar la idea,
ceñido al  hueco oscuro,
ya empieza, un nuevo paso,
ya empieza, cada día empieza,
no hay forma de apartar la sensación,
de mi pequeño mundo pende
un mundo que termina
pero nunca empieza.











ESCALOFRÍO.

Reparar el arte
de moverte cadáver  testigo
de tu olvido.

Construye un viaje
con manos sagradas
en constante lucha.

Es grande el mundo
y  grande la cueva
de nuestros sentidos.

Espesas distracciones
y  enorme miedo,
nos roban la vida.

Invitados veloces,
rápidos  un  instante,
tan perdidos.

Pensamientos  cansados,
revestidos de madera
con esquinas de cobre.

Crecimos tanto, todos tan parecidos…
La intención del  niño
por abandonarse al niño.

El TODO POR LA PARTE.



Te besé los ojos, la cara, a ti,
que nunca has gastado en maquillajes,
cremas, muecas, ni otras sombras.

Intenté probarme una máscara
de distracción…
Nuestra obra viva
continuaría el rumbo
de nuestro mundo como si tal cosa.

Navegamos un mar desnudo,
sensible a lo que se oculta,
a pesar del canto del petrel
sobre las gavias,
aún bordeando playas
que inviten las cuadernas.

El alma se rompe al estallar
cualquiera de tus lágrimas contra mi pecho.
La tormenta por provocada no abatida.
Todo el amor, y nuestro futuro cierto, por cada día,
por las estrellas sencillas, te quiero tanto, mi amor.
Te quiero.


Delimitó la loma al infinito,
estalló, creando un abismo.
Apuntaló 15 estúpidas estacas
de punta a cabo al abrazo níveo.
Creó un camino
empujado por el miedo
para difuntos vivos. 
No reconoció la muerte compañera
sino sus sambenitos.
Ahora vive frente a la pantalla
de plasma, con calefacción y manta,
agonizando de frío.

¿Qué más da?




Personas malas esperan les saludes,
alzas la mano, inconsciente, otra doctrina,
piensas, reyes de pequeñas pocilgas,
opositores al trono mandril,
¿Qué más da?

Agoreros hediondos te incitan, pican a las masas,
tú no te pronuncias, no te enfrentas
a la hipocresía de su ocaso,
todos tenemos algún día para creernos Jesucristos,
¿Qué más da?

Embebidas de sí mismas, otras naves
sueltan lastre en tu orilla, luego te sonríen
desde el puente de mando como si rezasen
por ti todos los días, qué desvergonzada tan amable,
¿Qué más da?

Arroz haciéndose, te asalta mente en huevo duro,
en el último instante lo echas en el cazo, pero sucio,
vas a mirar la huevera y ves indicios de por dónde salen.
El agua hirviendo santificará los restos animales,
¿Qué más da?

La correa de distribución de este mundo, a los 2.000, de manual,
ahora únicamente la radio funciona,
a sintonizar otro canal,
si ya decían que el mundo estaba mal repartido,
pero mirábamos de paso, a nuestro rumbo,
pensando, mientras este carro ande...
¿Qué más da?.

LO LLEVÁIS CLARO...


Un arrebato de cólera
desgaja el pan aún blando.
Medio pollo caducado sin cabeza
observa la información rodando.
Morir mañana encaja
dentro de la ambición.
Recordar el propio olor
de la confusión excitada
al cuerpo salvaje.
Forzados al acantilado,
más métodos furtivos.
Imaginación encara al hombre,
revolviéndose, rodeándole.
Eso pasa, por provocar a la inocencia,
por repetir a la ilusión lo humillante.
Por la afluencia de pódiums y trofeos
y  el vicio de todas las iglesias.
Porque lo ortodoxo, lo homogéneo
y lo honorable, se alimentan del pobre,
pero el pobre aprendió a distinguir
lo miserable.
El poder, menos relajado,
dio una nueva orden,
la mayoría contestó,
contra todo lo probable:
“Lo lleváis claro”
Y cambió el mundo
en ese instante.


MAYORÍA DE INVIERNO.












Se dice mucho en  estos tiempos:
"No soy feliz...".


Tras la cortinilla rápida
de los grandes almacenes.
Mudando pieles en stock
que ¡zas!! te arrancan de las manos.
Puntúas desnudos entre calles
en otoño, pezones percha
cargados de libertad en invierno.


Decisión en mano, equivocarse,
correr a esta velocidad deja un rastro
a Sinatra asexuado,
a misma música de siempre
rebobinada sin éxito.
Y me consta lo cojonudo que es Sinatra...


Quizá vuelvan a volar
los oscuros éxodos
repoblando margaritas
entre anillos cayéndose,
estrellas encañonando islas,
apartando al niño que vomita, del recreo ilustrado.
Invitado a sentarte con los mayores
en charlas redundantes
de cafés eternos.